Buscando a Jesus por Paulo Coelho

En una revista encontré estos dos relatos humoristicos del señor Paulo Coelho el cual me parecieron muy Jocosos....

1. BUSCANDO A JESUS

Tras una larga noche de bar en bar, el borracho regresa a su casa y se topa con un pastor listo para bautizar a un grupo -de evangélicos a la orilla del río. Sintiendo el olor a alcohol, y queriendo darles un ejemplo a sus fieles, el pastor sujeta al borracho por los hombros:
-¿Te gustaría encontrar a Jesús?
-Sí, claro. Me gustaría en­contrar a cualquier persona con la que poder conversar so­bre la vida y echar otro trago.
El pastor no se da por venci­do. Les pide a los fieles que se den las manos, entran todos en el río, sumerge al borracho, lo saca del agua, y le grita:
-¡Hermano! ¿Has encontra­do a jesús?
-Pues no, no lo he encon­trado.
El pastor les pide a todos que canten aleluya, y lo vuelve a sumergir.
-Y ahora, hermano! ¿Has encontrado a Jesús?
- Todavía no lo he encon­trado.
En esta ocasión, el grupo completo inicia un prolonga­do exorcismo, al final del cual vuelven a sumergir al borra­cho por tercera vez. Triunfan­te, el pastor lo saca del agua, clama a los cielos que las ben­diciones caigan sobre todos los presentes, y volviéndose
hacia el hombre, afirma con plena convicción:
-¡Estoy seguro de que ahora sí que has encontrado a Jesús!
-Lo siento muchísimo, pero no he podido encontrarlo. Pe­ro, ¿está usted seguro de que se ahogó aquí mismo?

2. EL ATEO Y EL LEON

Un ateo pasea por una selva de África, admirando todo lo que aquel "accidente de la evolución" había llegado a pro­ducir.
-¡Pero qué árboles tan ma­jestuosos! ¡Qué ríos tan pode­rosos! ¡Qué hermosos anima­les! ¡Y todo esto apareció por casualidad, sin la intervención de nadie! ¡Realmente, sólo las personas ignorantes y débiles de carácter, por miedo a no po­der explicar el universo ni el sentido de sus propias vidas, tienen la necesidad de atribuir toda esta maravilla a una enti­dad superior!
Entonces se produce un rui­do en los arbustos que están a su espalda: un león se prepara para atacarlo. El ateo intenta huir, pero el animal lo derri­ba. Ya sin nada que perder, el hombre grita:
-¡Dios mío!
Y se produce el milagro: el tiempo se detiene, todo queda bañado por una extraña luz, y una voz se deja oír
-¿Qué es lo que deseas? Has negado mi existencia durante toda tu vida, defendiste ante los demás que yo no existía, y redujiste la Creación a un 'ac­cidente cósmico".
Bastante confundido, el hombre exclama:
-Ahora sería hipócrita por mi parte cambiar de idea sólo porque estoy a punto de morir. Durante toda mi vida he man­tenido ante los demás que tú no existes.
- Entonces, ¿qué esperas que haga?
El ateo reflexiona un poco, consciente de que esa discu­sión no puede extenderse eter­namente. Finalmente dice:
-Yo no puedo cambiar, pero el león sí que puede. Por lo tan­to... ¡lo que quiero es que este animal salvaje se transforme en un animal cristiano!
En ese mismo instante, la luz desaparece, los pájaros de la sel­va se ponen a cantar de nuevo, y el río vuelve a correr.
El león sale de encima del hombre, hace una pausa, baja la cabeza, y dice lleno de fe:
-Bendice Señor los alimen­tos que vamos a tomar...



Si te gustó el post o quieres agregar un comentario,escríbelo, es importante tu opinión.


Comentarios

Entradas populares de este blog

2 Noviembre

El caballero de la armadura oxidada